Hace mucho que sigo mirando el pasado con la mirada cabizbaja, ver mi yo del pasado, tan frágil, triste y desastroso. Me hace entristecer, todos esos errores, esos fallos, esas oportunidades derrochadas como agua entre las manos. Esas amistades rotas, como un folio destrozado. Miro ese turbio pasado, y se inyecta una aleación de cólera y tristeza, pero a la vez de orgullo y alegría. He dejado de ser ese Niño que peleaba por el recreo, sin saber los tremendos errores que estaba cometiendo, sin confianza, sin autoestima, sin una por venir en mente, más pendiente de armarla, que de nada más. Y ahora, ¿en qué me he convertido?.
Veo mi yo de ahora, y pienso, ya no tengo tantas inseguridades, he aprendido en confiar más en mí, y en los demás, he aprendido a mostrar mis errores sin temor a reproches o burlas, he aprendido a ser más generoso y empático, he aprendido a dar más las gracias, y el gusto de hacer lo que quiero sin temor a lo que me digan los demás, he aprendido a no sentirme infeliz por lo que puedan opinar de mi cualquier persona ajena de mi vida. He aprendido a vivir mejor, y he aprendido a aprender.
Me estoy convirtiendo en la persona que tanto quiero, aún sigo siendo joven, sé que me queda por madurar, por crecer, y por aprender. Me quedan aspectos por mejorar, pero no tengo prisa, prefiero que sea algo intermedio, que llegue a un plazo determinado, pero sin ir demasiado rápido. No sé, si me he convertido en luz, oscuridad o, en la nada.
Pero, me convierta en lo que me convierta, sé que podré estar orgulloso de mí mismo.
Comentarios
Publicar un comentario